Marc Caellas

Come en casa Borges.

Una conferencia performativa que lleva a escena la conversación literaria más larga de la historia de la literatura. La frase "Come en casa Borges" cruza de cabo a rabo, como un poderoso mantra, el Borges de Bioy Casares, acaso el primer blog del universo, donde se recogen más de cuarenta años de amistad llenos de confidencias, genialidades, chistes, amores y odios que recorren el siglo XX de cabo a rabo. El libro de Bioy es una obra maestra, testigo de amistad o enemistad, escrita en las sombras y que no se lee ni se observa sin un laberíntico derrotero de post datas que encarnaría un sólo personaje, la única mujer en este dúo de amigos disfrazados de dos de los literatos más destacados de la literatura en castellano. Es básicamente eso: dos niños jugando con las palabras y una muchacha entremedio, copiando las frases geniales. Críticas: Con sus apropiaciones de textos literarios, trasladados a contextos inesperados para generar nuevas lecturas, Marc Caellas está creando su propio canon de la literatura universal. Un canon vila-matiano, pero no libresco, sino vivo y artístico: teatral, performativo, digamos: “artes vivas”. Tras reformular la obra de Roberto Bolaño, David Foster Wallace y Robert Walser, les ha tocado el turno ahora a Jorge Luis Borges, a través del diario obsesivo y magistral de su amigo Adolfo Bioy Casares.
Los escritores Andrés Ehrenhaus (como anfitrión) y Osvaldo Baigorria (con la mirada extraviada, ese gesto tan borgeano que parece copiar César Aira) leen fragmentos del Borges, porque la base de la propuesta escénica es una lectura. Una lectura que selecciona pasajes y los combina según las obsesiones de Caellas: Argentina, la literatura, el turismo, la actuación, Cataluña, las mujeres, la crítica, las viudas. Dos pantallas nos recuerdan los referentes reales y simbólicos: en una se proyecta la famosa entrevista a Borges en TVE y en la otra, El año pasado en Marienbad, la película de Alain Resnais. Para contrapuntear el texto, Sonia Betancort encarna al fantasma de Silvina Ocampo y María Cecilia Sánchez pincha música y baila tango. El clímax llega, precisamente, cuando Bioy habla de María Kodama y el baile deja en claro las implicaciones futuras de ese encuentro.
Jorge Carrión en Revista Otra Parte Semanal Aunque el teatro no es para mí, que no pude "suspender la incredulidad" ni siquiera al asistir a algunas representaciones de la Royal Shakespeare Company en Strattford upon Avon, hoy he ido a Caixaforum (la sede de Barcelona) a ver Come en casa Borges, teatralización del libro de Bioy Casares Borges, el dietario donde anotó el contenido de sus conversaciones con su amigo y colega, que había ido a cenar a su casa, cada noche, durante décadas -y de ahí que casi todas las entradas del dietario comiencen con esta frase: "Come en casa Borges"-. No he ido a una función teatral, sino a una liturgia en recuerdo de un... no, de dos muertos venerables; o al ritual de algo que gusta, y se repite, igual a sí mismo. No sé si somos conscientes de la enormidad de este libro póstumo. Es una obra maestra que necesitó cincuenta años para ser escrita, superior al Johnson-Boswell que tanto gustaba a Bioy y a Borges, y al que emula conscientemente Borges, radiante de cultura, de gracia, de vida, de humor y trivialidades, y testimonio de una amistad tan bella, larga y ejemplar: nunca flaqueó, y es más valiosa que la literatura, aun siéndolo tanto la de aquellos dos gigantes argentinos. Ignacio Vidal-Folch en El Mundo